¿Puede el hambre reducirse a la tercera parte en un año mientras el salario mínimo permanece congelado? Según el último informe sobre Venezuela, esto es una realidad estadística, aunque para la ciencia y el bolsillo ciudadano parece un espejismo.
El informe del Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo (SOFI) ha sido, históricamente, el termómetro para medir el avance hacia la meta de «Hambre Cero» de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Sin embargo, la edición 2025 nos llama poderosamente la atención ya que presenta cifras que desafían la lógica económica y social de los últimos años, especialmente en el contexto venezolano.
En MiradorSalud hemos realizado revisiones anteriores de estos reportes anuales, especialmente con el Panorama regional de la seguridad alimentaria y la nutrición para América Latina y el Caribe (que describe detalladamente los reportes oficiales de cada país por trienio). En esos artículos hemos documentado cómo la inseguridad alimentaria se ha comportado de manera compleja.
En el reporte del SOFI 2021, destacamos que, a pesar de reportarse un aumento en la subalimentación a nivel regional y mundial, producto de la pandemia por COVID-19, en Venezuela se presentó una aparente disminución, contra la tendencia regional, del 4% en la subalimentación, esto, más que una mejora real de las condiciones internas, se debía fundamentalmente al fenómeno migratorio, con 3,6 millones de personas menos en los cálculos poblacionales.
Para el reporte del SOFI 2023, reportamos que Venezuela seguía entre los 5 países con mayor prevalencia de subalimentación en la región, en un entorno de hiperinflación (403% para agosto de 2023) y una dependencia del 70% en alimentos. Se reportó una disminución de 1,4 millones de personas subalimentadas, lo que pudo ser el resultado de la ayuda humanitaria (PMA y ONGs) y no por mejoras económicas.
El SOFI del 2025, tiene como tema central de este año, «Hacer frente a la inflación alta de los precios de los alimentos», no podría ser más pertinente para nuestro país. Sin embargo, los datos presentados para Venezuela generan una paradoja que, como científicos y ciudadanos, nos cuesta digerir.
Es desconcertante observar que, en un informe dedicado precisamente a cómo la inflación devora la seguridad alimentaria, las cifras de Venezuela muestren una «mejoría» que desafía las leyes de la economía básica. Según las tablas publicadas, se observa una reducción drástica de 11,7 puntos porcentuales en la prevalencia de la subalimentación en apenas un año, sin una explicación estructural en los sistemas agroalimentarios nacionales (Figura 1).
Esto implica que estaríamos pasando de 5 millones a 1,7 millones de personas subalimentadas, lo que representa un cambio radical y hasta milagroso en el poder adquisitivo y en la disponibilidad de alimentos de 3,3 millones de personas en solo un año; situación que no se corresponde con la realidad económica observada en años previos. Pasar de la hiperinflación más grande de la región en 2023 a 5,9% de subalimentación en 2025, implicaría que esa inflación tendría que haber desaparecido, lo cual no es cierto.
Aún más grave es la contradicción interna del reporte. Mientras que la publicación del Panorama Regional de 2024 fijaba la prevalencia para el año 2024 en 17,6 %, el nuevo informe de 2025 se contradice a sí mismo al afirmar ahora que la prevalencia en 2024 fue de apenas 7,3 %. Este fenómeno de “reescritura de la historia estadística” en más de 10 puntos porcentuales altera toda la serie histórica y cuestiona la fiabilidad de la metodología empleada para capturar la realidad del país, más aún si se trata de datos promedios del último trienio (2022-2024), lo cual es más difícil de disminuir estadísticamente.

Figura 1. Tendencia de subalimentación en Venezuela. Basado en los reportes SOFI de cada año desde el 2017 al 2025.
Al igual que analizamos anteriormente, cuando nos preguntábamos si los cálculos ocultaban el efecto de la migración forzada, hoy nos enfrentamos a una disyuntiva similar. ¿Se trata de un cambio en la metodología de estimación de las agencias de la ONU o de una revisión de los datos oficiales proporcionados? Entendemos que metodológicamente se dice en los reportes de estas organizaciones internacionales se muestran los datos oficiales suministrados por los países, pero ¿Es que ningún técnico u oficial nota que una mejora tan drástica en los indicadores, sin un cambio estructural en las políticas públicas o en la recuperación del salario real del venezolano —que para 2023 ya estaba en 130 bolívares [menos de 4 dólares al momento] y que continua pulverizado en la misma cifra [que en la actualidad son 0,27 dólares]—, parece más un espejismo estadístico que un logro en materia de seguridad alimentaria? Es imperativo que los organismos internacionales validen con rigor técnico los datos oficiales antes de publicarlos, o al menos, ofrezcan una nota técnica señalando que estos llaman la atención de las organizaciones.
No nos queda más que decir que, como profesionales de la nutrición y la dietética, nuestro termómetro no es solo la estadística de la FAO, sino el estado nutricional de nuestros pacientes, la talla de los niños que atendemos y la capacidad de compra de la familia promedio.
Es peligroso normalizar una cifra de 5,9 % de subalimentación cuando la inflación sigue siendo el principal obstáculo para comer sano. Si el informe SOFI 2025 pretende ser una herramienta para diseñar políticas públicas, basarse en cifras que contradicen sus propios reportes previos solo dificulta la llegada de la ayuda a quienes todavía la necesitan desesperadamente. ¿A quién beneficia una estadística que invisibiliza el hambre?
La seguridad alimentaria no es un número que se ajusta en una oficina; es la certeza de que mañana habrá algo nutritivo en cada uno de nuestros platos.
Pablo Hernández y Claret Mata
Nota de MiradorSalud:
Acaba de publicarse la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi 2025)
A continuación se repoduce el apartado de «Pobreza de ingresos», que sustenta la argumentación de los autores: Pobreza de Ingresos. La recesión económica, junto con la hiperinflación, contribuyó al empobrecimiento de la mayoría de los venezolanos, según la medición de la pobreza monetaria o de ingresos de ENCOVI 2025. Después de la pandemia, se evidencia una mejoría en los niveles de pobreza total en hogares, que fluctúan alrededor del 80 %. El desmontaje progresivo del sistema de controles en el ámbito económico favoreció la disminución de la inflación y cierta recuperación de los ingresos. Ese cambio se da en un contexto de variación positiva del PIB después de varios años de caída continua. Las mediciones de 2024 y 2025 revelan que la pobreza ha continuado la tendencia a la baja, situándose cercana a los niveles precrisis. En cuanto a los niveles de pobreza extrema, es evidente su disminución después de 2021, pero todavía en 1 de cada 3 hogares los ingresos no son suficientes para la satisfacción de las necesidades alimentarias. Las estimaciones de pobreza basadas en la población siguen la misma tendencia, pero a niveles más elevados debido a índices reproductivos más intensos en los hogares más pobres.
Sobre los autores
El profesor Pablo Hernández es Licenciado en Nutrición y Dietética de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Magister en Nutrición (USB), Especialista en Análisis de Datos en Ciencias Sociales. Profesor de Nutrición Humana en la Escuela de Nutrición y Dietética de la UCV. Profesor del Diplomado de Educación en Diabetes Terapéutica (UCV). Representante de Venezuela ante la International Affiliate of Academy of Nutrition & Dietetics (IAAND). Miembro del Observatorio Venezolano de Salud (OVS), de la Fundación “5 al día” Venezuela, de la Sociedad Latinoamericana de Nutrición, y de la Fundación Bengoa para la Alimentación y la Nutrición.
La profesora Claret Mata es Licenciada en Nutrición y Dietética de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Magister en Nutrición (USB). Profesora de Evaluación Nutricional en la Escuela de Nutrición y Dietética de la UCV y Profesora invitada del postgrado de Nutrición Clínica de la Escuela de Nutrición y Dietética de la UCV. Miembro de la Sociedad Latinoamericana de Nutrición y miembro institucional de la Fundación Celíaca de Venezuela.






















