En los últimos años, Venezuela ha experimentado una salida sostenida de personas que buscan seguridad, oportunidades y futuro en países de América Latina y el Caribe, Estados Unidos y Europa. Las cifras más recientes de la Plataforma R4V estiman alrededor de siete millones de venezolanos fuera del país, reflejo de una movilidad sin precedentes en la región. Este éxodo no solo se mide en cifras: se expresa en familias desconfiguradas, proyectos profesionales truncados y comunidades que deben aprender a reorganizarse dentro y fuera del territorio.
A su vez, es importante destacar las cualidades del venezolano, en este caso del migrante, que se caracteriza por su espíritu emprendedor y deseos de superación. Tiene un carácter alegre y está presto a colaborar. Cuando me preguntan sobre lo que añoro de Venezuela, digo al igual que una cuñada española que volvió a su país: “su gente”.
Desde la mirada de quienes migran, la travesía no termina al cruzar la frontera. Allí comienza otra: regularizar estatus, aprender códigos socio-culturales. En el caso de profesionales calificados, deben convalidar títulos, enfrentar la sobrecalificación laboral y aceptar trabajos por debajo del perfil. Mientras tanto, es necesario sostener el bienestar emocional y lidiar con la nostalgia. La literatura muestra que incluso migrantes con alta formación chocan con barreras de reconocimiento de credenciales que se traducen en “desperdicio de talento” (brain waste).
No son pocos los venezolanos —con niveles educativos comparables o superiores al promedio local— que llegan al destino deseado y se topan con trámites, costos y barreras que dificultan su inserción plena. Ese desajuste entre talento y oportunidad es una herida doble: para la persona que no puede aportar todo lo que sabe y para el país que la recibe, el cual pierde su productividad potencial.
Para Venezuela, la salida de tanta gente – con proporción importante de profesionales – deja un vacío humano y productivo difícil de llenar, pero también crea puentes: remesas, redes, transferencia de conocimientos y comunidades, y con el tiempo, se convertirán en palanca de reconstrucción para el país. Comprender las dos caras del fenómeno es indispensable para avanzar de la queja a las soluciones. Entender la migración como un fenómeno humano y gestionable, más que como amenaza o panacea, permite pasar del debate polarizado a soluciones prácticas: integración laboral, salud y bienestar, apoyo a segundas generaciones y fortalecimiento de redes comunitarias.
En la región, destino importante de los venezolanos migrantes, presenta informalidad y obstáculos de acceso a servicios básicos. En Colombia se les ofrecen distintos programas de regularización que han permitido avances en documentación e inserción. Esto representa incrementos de bienestar cuando la integración se acompaña de acceso a derechos y reconocimiento de títulos. Estas dos caras coexisten, apreciándose las políticas complementarias: protección social y sanitaria, rutas claras de regularización y mecanismos ágiles de validación de competencias.
En paralelo, la opinión pública en países receptores se muestra dividida: persisten percepciones de “desborde” y preocupaciones por seguridad o empleo, a la vez que crece el consenso en torno a ordenar flujos y favorecer la integración socioeconómica. Entender la migración como un fenómeno humano y gestionable, más que como amenaza o panacea, permite pasar del debate polarizado a soluciones prácticas: integración laboral, salud y bienestar, apoyo a segundas generaciones y fortalecimiento de redes comunitarias. Sobre todo, la valoración de lo que cada grupo humano de otro país puede activar en la población nativa.
Esta serie de artículos que me propongo hacer parte de una convicción simple: más allá de cifras y titulares, la migración es una experiencia profundamente humana. Aplicando herramientas del coaching integral, se propondrán prácticas concretas para cuidar la salud mental y física, tanto de quienes sufren la pérdida como de quienes migran. Es importante que estos fortalezcan a sus familias y tejan redes que multipliquen oportunidades para ambos grupos. Cuando una persona migrante logra integrarse y desplegar su potencial, ganan ella, la familia que queda y también la comunidad que los recibe, al apreciarlos como la inversión social y económica que son.
Cruzar fronteras por dentro: El viaje emocional del migrante
Otro aspecto clave para comprender la migración es la edad en que se migra. No es lo mismo iniciar una nueva vida en la adolescencia o juventud, cuando aún se tienen más años por delante para adaptarse y rehacer estudios o carrera, que hacerlo en la adultez media o en la edad de retiro, cuando el arraigo, los vínculos laborales y las rutinas están más consolidados. La edad incide en la facilidad de aprendizaje de un nuevo idioma, en la flexibilidad emocional y también en la percepción de oportunidades. Reconocer estas diferencias ayuda a diseñar políticas y apoyos diferenciados para cada etapa vital.
Nunca me imaginé que sería una migrante más. Conté con la ventaja de haber aprendido el idioma cuando pequeña. Cuando mis hijas decidieron emigrar, en distintos tiempos y por diferentes motivos, me imaginé que después de mi jubilación seguiría en Venezuela y que iría a pasar temporadas donde vivieran para visitarlas. Una de ellas me propuso iniciar el proceso legal para emigrar. Rechacé la idea por varios años. No me veía fuera de mi país, lejos de mi círculo profesional y afectivo.
Cuando la situación del país empezó a dar muestras de resquebrajamiento y tanto mi hijo mayor como yo sufrimos consecuencias (personalmente, entre otros, me impactó el robo de tres vehículos), empezamos a estudiar las posibilidades de vivir fuera de nuestro país.
Mi tendencia es enfrentar los cambios de manera pragmática y a la vez optimista. Sin embargo, tiempo después, pude comprobar que en realidad las divertidas reuniones que hice con amigas para repartir mis cuidadas plantas, mis CDs, libros y ropa eran una forma de encubrir el dolor de la partida.
La mudanza se realizó dentro de la mejor de las situaciones desde el punto de vista legal y vivencial. Sin embargo, transcurrido casi un año de residencia en mi nuevo país, todavía no había hecho ninguna amistad, aparte de los conocidos requeridos relacionados con el proyecto donde participaba con mi hijo. Un día me pregunté: ¿es así como quiero vivir? y, haciendo acopio de mis experiencias en terapia psicológica, traté de dilucidar mi responsabilidad dentro de lo que estaba viviendo y sintiendo. Me sorprendió comprobar que estaba como una niña recién ingresada a la escuela que se niega a jugar. Esta triste verdad hizo que tomara las decisiones que permitieron reinventarme en este nuevo entorno.
La migración implica un duelo —estemos conscientes o no de ello— y como tal cumple con similares etapas de otras transiciones. Sin embargo, no todas las personas viven estas etapas de la misma forma, ni en el mismo orden. En MiradorSalud expandimos el tema de las transiciones en estos artículos: “Transiciones personales: ¿Cómo fluir con ellas?’’ y “¿Será que estamos en transición sin percatarnos?”
Las fases en las cuales coinciden muchos investigadores son: negación, ira, tristeza, aceptación y adaptación. Desde la perspectiva de la psicología y del Coaching Integral, cada etapa es una oportunidad particular de autoconocimiento sobre lo que estamos experimentando. El modelo de transición de William Bridges, ampliamente utilizado, une estas fases en tres etapas:
Primera etapa: Finalización/Pérdida/Soltar. Durante este tiempo podemos sentir emociones diversas como el miedo, la negación, la tristeza, la desorientación, la frustración, la amenaza, la incertidumbre y la sensación de pérdida.
Segunda etapa: Zona neutral. Las personas sienten que básicamente se ha pasado la primera etapa de negación, ira o tristeza. Ahora pareciera que dominan el resentimiento hacia el cambio, aunque ya se acepta como inevitable. También se experimenta ansiedad sobre su identidad y estatus. Si la transición se ha iniciado en forma ajena a la voluntad propia, es más difícil aceptar el cambio por cuanto se transfiere la responsabilidad de los sentimientos hacia la fuente del cambio.
Tercera etapa: Nuevos comienzos. En estos momentos surge una aceptación de los cambios que han generado la transición, retorna la esperanza, la inspiración y el orgullo por sentirse capaz de poder reorientar la vida.
¿Cómo reconocer, aceptar y transformar las emociones que acompañan el proceso migratorio?
Práctica vivencial #1: Aparta un tiempo tranquilo para reflexionar, si tienes un diario, mejor aún, y escribe las respuestas a las siguientes preguntas. Imagina que estás atravesando una transición o que eres un migrante. Este ejercicio introspectivo te será útil cuando quieras aclarar emociones o sensaciones confusas. Luego, si lo deseas, puedes seguir con el resto de prácticas.
- Siéntate en un lugar donde puedas aislarte. Ten a mano lo que necesites para escribir. Cierra los ojos y respira profundo tres veces; cada vez cuenta 4 al inspirar y 8 al espirar.
- Si estuvieras en una transición, “¿En qué etapa estarías ahora?”
- Trata de detectar tres emociones que estés sintiendo y aclara ¿cuál sería el mensaje de cada una de ellas en la situación que vives actualmente?
Las emociones como brújula, no como obstáculo
En general, tendemos a ocultar las emociones “incómodas” (miedo, nostalgia, ansiedad, ira) por mensajes aprendidos desde el hogar en la temprana edad o en el ámbito escolar. Sin embargo, es importante redefinir la visión que tenemos de las emociones incómodas más bien como señales.
Prácticas como la anterior nos ayudan a prestarles atención y responder en forma constructiva a nuestras verdaderas motivaciones. La historia que les comenté arriba sobre mi proceso de inmigración – ocultando el miedo, la ansiedad e insatisfacción – me impidió relacionarme mejor con mi entorno y prepararme para cambiar el rumbo más acorde con mi propósito de vida.
Práctica vivencial #2: El semáforo emocional. Esta práctica debes aplicarla lo más pronto que sientas una emoción a la cual quieras responder agresivamente o evadirte (física o mentalmente). Muchas veces el humor sirve de apaciguador creativo de una sensación desagradable.
- Imaginen sentirse desagradados ante un comentario poco amable de una persona en una reunión social.
El semáforo lo tienes en ROJO: Detente y reconoce lo que estás sintiendo. - El semáforo pasa a AMARILLO: Observa el contexto y reflexiona. Por ejemplo, imagina que esta persona está pasando un mal rato en su trabajo o algo similar.
- El semáforo ahora cambia a VERDE: Al sentirte con más empatía, actúas con intención. No tienes que responder, puedes simplemente sonreír, sin prestar mayor atención al comentario. Puedes cambiar de grupo o apartarte para buscar una bebida.
Práctica vivencial #3: Mi mapa de propósito. Esta práctica es ideal para un migrante que conozcas, sin embargo, también puede serte muy útil en momentos en los cuales te sientas que debes conectarte con tus valores y metas personales para orientar tus decisiones.
- Dibuja tres círculos como si fuera un Diagrama de Venn: uno representa lo que te apasione, un segundo lo que puedas aportar y un tercero lo que el nuevo entorno necesite.
- Escribe en cada uno de los círculos lo que corresponda y el punto de intersección te dará pistas sobre lo que puede orientar tus decisiones en esta situación y momento.
Este artículo es el primero de una serie que busca conectarnos en torno al tema de la migración, tender puentes y compartir recursos útiles para quienes transitan la experiencia migratoria y para los que apoyan los esfuerzos en pro de nuevos horizontes. Agradezco profundamente tu lectura y quedo a la orden para recibir comentarios, sugerencias o testimonios que enriquezcan este espacio. Entre todos podemos tejer miradas más amplias y compasivas sobre un fenómeno que nos toca como sociedad.
Jeannette Díaz
Imagen: Rafael Garcín de Unsplash
Nota sobre la autora: Jeannette Díaz es Doctora en Educación de la Universidad de Massachusetts, Amherst, Profesora Titular Jubilada de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela. Durante sus 28 años como docente, Coordinadora Académica y Coordinadora de Investigación, disfrutó siendo mentora y coach de estudiantes y profesores apoyándolos en el desarrollo de sus habilidades creativas y progreso en sus carreras docentes. Formalizó esta área de interés cursando estudios y obteniendo la Certificación como Integral Master Coach® de Integral Coaching Canada. Es miembro de la Federación Internacional de Coaches en el nivel Profesional (PCC). Actualmente trabaja como coach, ayudando a profesionales creativos, arquitectos y emprendedores a cerrar la brecha entre sus expectativas y logros alcanzados. Página web de Jeannette Díaz























4 Comentarios
Irene Pérez Schael
Felicitaciones querida Jeannette por tan oportuno e inteligente artículo sobre la migración. Sí, oportuno para Venezuela y también para el mundo.
Me gustaría agregar dos elementos positivos en relación a la migración venezolana: el primero es que los migrantes jóvenes encontraron ambientes estimulantes en varias áreas, como la academia o el arte y creatividad, que permitieron que descollaran en número apreciable, debido a que el ambiente los estimuló y se lo permitió, condición perdida en Venezuela. Hay muchos médicos con gran talento y empatía repartidos por el mundo, también científicos y otros que han sobresalido en la música y otras actividades; el segundo elemento es que los que se quedaron en el país han transformado la sociedad y recuperado la venezolanidad, ahora nos enorgullecemos de nuestros talentos, los elogiamos y aplaudimos. Habíamos sido muy parcos en cuanto a reconocer los logros y éxitos en Venezuela; por el contrario, ahora la celebración es un hecho común que se divulga.
Siento que son dos aspectos positivos asociados a la migración y a la situación inusualmente empobrecida y desgastada en la que actualmente vivimos los venezolanos.
Irene
Jeannette Diaz
Gracias mil por tu sustancioso comentario apreciada editora. Agradezco especialmente la contribución de ideas que ciertamente enriquecerán los siguientes artículos de esta serie.
Gisela Martínez
Para mí, que sigo en Venezuela, la migración es un duelo tanto para el que se va como para el que se queda, aunque la perspectiva sea diferente. Recuerdo haber escuchado en entrevista de radio a la Dra. Mercedes Pulido de Briceño autocalificarse de «huérfana de nietos «producto de la migración; a mí personalmente, que no tuve hijos, me dejó sin sobrinos y pasé por las mismas etapas del duelo.
Jeannette Diaz
Apreciada Gisela, muy agradecida por compartir tu experiencia. No había oído la triste expresión «huérfana de nietos». Lo entiendo perfectamente a través de familias separadas de amigas, que tienen hijos en el norte y en el sur, sin poderse reunir. Mil gracias por leernos.